La increíble historia del azul, cuando la orina ayudaba a teñir las telas

El color es una materia prima para nosotros, los diseñadores gráficos.

Trabajamos con él todos los días.
Lo combinamos.
Lo medimos.
Lo elegimos.

Por eso suelo buscar constantemente información sobre colores.
Y ahí se juntan dos de mis entretenimientos favoritos: leer y descubrir curiosidades.

En una feria del libro a la que asistí encontré La psicología del color, de Eva Heller.

Me gustó bastante.

Seguramente más adelante compartiré otras historias de este libro.
Pero hoy quiero centrarme en una: el azul.

Y en algo que me pareció fascinante.

El libro cuenta lo laborioso que era conseguir colorantes en el pasado.
Teñir telas era un trabajo complicado.

Largo.
Costoso.
Difícil.

Todo eso hacía que el precio de las telas aumentara.

Pero había una excepción.

El azul.

Por aquella época existía un tinte que resistía muy bien la luz: el índigo.

Sí, el mismo del jean, tejano o vaquero (según cómo lo llamen en tu país).

Gracias a este tinte, el azul terminó asociándose con algo muy concreto:

la vida cotidiana y el trabajo.

Hasta aquí la historia ya era interesante.

Pero lo que viene ahora lo es aún más.

Para teñir las telas se utilizaban hojas secas de glasto, que se colocaban en grandes cubas.

El proceso necesitaba calor.
Mucho calor.

Durante aproximadamente dos semanas.

Y aquí viene la parte curiosa.

Las hojas de glasto se mezclaban con orina humana.

Sí.
Orina.

Con el sol y el paso del tiempo, la mezcla fermentaba y se transformaba en alcohol.

Se podía añadir alcohol directamente para acelerar el proceso.
Pero eso podía arruinar la mezcla.

Así que lo mejor era usar orina de borrachos.

El proceso completo tardaba al menos tres días.

Los operarios debían pisar la mezcla con los pies.

Y soportar el olor.

Según cuentan, el colorante comenzaba a separarse de las hojas cuando el hedor empezaba a disminuir.

Pero aún no estaba listo.

Todavía hacía falta una segunda fermentación antes de poder teñir las telas.

La escena debía ser bastante peculiar.

Cuando la gente veía a los tintoreros borrachos dormidos bajo un árbol, sabía exactamente qué estaba pasando.

Estaban haciendo azul.

De hecho, en Alemania existe una expresión curiosa.

Cuando alguien falta al trabajo porque está borracho, se dice coloquialmente que “está haciendo azul”.

Una frase que, curiosamente, nace de un proceso químico… y bastante oloroso.

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